bocabajo

cansado, en un rumbo incierto, lejos de las palmeras,
lejos de las heridas en la piel.
todo se diluye como gasolina en mis manos
ardo como un papel en el viento, disipándose
el oscuro cielo y sus mentiras
sus auroras que se desvanecen
sus horas perpetuas, sus pupilas dilatadas
todo pasajero arde en su butaca
incinerando primero las pestañas
el dolor de los codos es infinito
perdí el rumbo como siempre
las tenazas ardientes me recogen en el paradero de metro
no hay más que eso
horas y periódicos y caballos
paseos, sonatas, cerveza derramada
a esta hora todo se desploma
y sus manos tocan un piano invisible
que hace la humedad de mis ojos.