el chasquido de otros dedos

me podría ufanar de tanta pobreza,
de que soy atacado por moscas o gusanos
que salen de mis bolsillos

guardo toda clase de chatarra;
llevo mis maletas plenas de escombros
ruinas para levantar una ciudad
que acaso terminaré si pierdo la razón.

entretanto, recorro las grietas de una antigua habitacion,
soplando las mustias antorchas
de la noche cotidianamente visitada

el sol se ha vuelto herrumbroso
tras el vapuleado cristal de mi retina

la felicidad es algo poco elegante, a estas alturas
en realidad no es más que un susto anticipado,
un adelanto de la derrota ulterior
algo que te toma por idiota
hasta que te das cuenta como ha roído
el suelo en el que pisas

caer no es elegante

las contradicciones me miman como a un cachorro
que se revuelca en el barro del sentido.

y de un supuesto confort finisecular
me paseo a la sombra de un enorme bosque de deudas.

soy aquel que compra con presupuesto irrisorio
un alfabeto de sordomudos y lo guarda en silencio
también un rescoldo humeante
de civilizaciones ya inmunes a la arenga
clavado en el asiento trasero de un taxi 
que merodea el desierto
como su unica redencion
remota e imposible