No se hasta donde puede llegar ese carbonizado asunto
que sigue cavando en la penumbra.
Los niños caen bajo su sombra,
como pajaritos implumes
y las puntas del iceberg
amenazan con continuar hundiéndose
aún después de servir otra ronda de inmolaciones.
Se que no tenemos más que tinta,
para continuar germinando bocabajo, al reflejo de la mendacidad
y quizá nos convenga construirle un techo a esta iglesia
que ya se ladea de tanto pedir fuego.
Sin embargo, sigue esa presunción de herramienta nueva
en medio de herrumbrosos trajines de mediodía,
sigue ese cabeceo constante del que perece como un nativo
bajo la costra de hielo en el dominio ajeno.
Pero, ¿Que otra cosa puede hacer el hombre,
aparte de continuar raqueteando con el vecino?